[γ) El alma bella]
en esta pureza transparente de sus momentos,
un alma bella desventurada, como se la suele llamar,
arde consumiéndose en sí misma y se evapora
como una nube informe que se disuelve en el aire.
G. W. F. Hegel.
*
Oh, generalidad moral,
altiva en tu saber y en tu querer
poniendo el contenido -cualquiera sea-
por encima del deber, de la ley;
saber inmediato, ser allí, voz divina,
en tu concepto la vida;
solitario culto, comunitario,
intuición de sí tu existencia objetiva,
escucha interna que al momento de la conciencia pasa,
universal enunciándose, vigencia del sí mismo,
acción ejecutada, real, persistente,
autoconciencia universal,
certeza de sí que resta pura, sí mismo universal,
otredad para la cual la acción vale por razón
de su discurso como esencia.
Oh, buena conciencia,
en Dios tu vida recóndita,
abstracta y distinta de tu autoconciencia;
inmediatez de lo divino, (pr)esencia,
conciencia real y mediaciones ajenas,
lo diverso que espera;
tu saber de sí como este sí mismo,
ser para sí cierto de sí,
sí mismo en la inmediatez relacional,
el en sí por fuera puesto
como esencia abstracta, y lo oculto,
en tu perfección superando la diferencia.
Oh, tus mediaciones,
términos que son cada uno entre sí otro,
y sólo uno en un tercero;
inmediatez que no supera la unidad,
ausencia del pensar en el sostén diferencial
de las diferencias que no son;
inmediato saber la esencia una y su sí mismo,
presente, sabiéndose como el en sí vivo;
religión,
saber intuido o existente,
lenguaje de la comunidad acerca de su espíritu.
Oh, exterioridad desaparecida,
autoconciencia que vuelve a su refugio más íntimo,
yo = yo que es toda esencialidad y toda existencia;
empuje a los límites de la autoconciencia,
concepto de sí donde los momentos diferenciados
-que la hacen real, o todavía una conciencia-
distan de ser tales puros extremos:
lo que ella es para sí,
lo que es en sí para la conciencia,
lo que para ella es ser allí,
-en la carencia de puntos de apoyo-
son volátiles abstracciones de lo que para aquélla,
insustancial,
era la esencia.
Oh, conciencia depurada,
tu patrimonio es la pobreza,
figura única de lo que en sí es un desaparecer,
una sustancia disuelta en una absoluta certeza,
absoluta no verdad derrumbada,
absoluta autoconciencia
en que se hunde la conciencia;
sustancia que es en sí su saber como su saber,
en este hundirse,
separándose en la oposición entre sí y el objeto,
que para la conciencia no es sino tal esencia.
Oh, sí mismo transparente,
saber de sí donde retornan la vida
y la esencialidad espiritual,
perdiendo la diversidad ante el yo mismo;
extremas abstracciones de la conciencia,
momentos que en otros se pierden y los engendran
en un desdichado trueque dentro de sí producido,
conciente de ser el concepto de la razón,
que aquélla sólo es en sí.
Oh, sonido que cesa,
inmediatez de la absoluta certeza de sí para sí,
como conciencia;
objetividad de su ser para sí,
mundo creado que no es sino su discurso,
de escucha inmediata, eco que se le devuelve
sin por eso detener la significación del acto
en que la conciencia es en sí y para sí,
para la conciencia,
al no ser la esencia para sí un en sí,
sino ella misma, sin existencia,
en la objetividad que no alcanza a negar
el sí mismo real,
en su realidad no asumida.
Oh, angustiosa,
pureza del corazón renuente al contacto con lo real;
para no manchar la gloria interna actuando,
existiendo,
tu impotencia es renuncia obstinada al propio
sí mismo,
extremo de la última abstracción del pensar
en ser transformado, sustancializado;
confiando en la diferencia absoluta
eres conciencia
de la vaciedad que llena el objeto hueco producido
y tu obrar es el anhelo que se pierde
en el hacerse objeto sin esencia,
y que recae en sí, amén de esta pérdida,
solamente hallándose como perdido.
&.
Oh, desventurada,
antes de que me disipe dime,
si ahora que me tienes cosa,
fuera de mí y el ser soportando,
habrá tormenta entre tus brazos.